Miedo al riesgo de ayudar

Estoy a punto de terminar de leer uno de los libros más interesantes que haya leído hasta la fecha: Gomorra, de Roberto Saviano.

Para el que no lo sepa, se trata de un documental vivido en primera persona sobre la Gomorra, el grupo terrorista que domina económico-gubernamentalmente gran parte del centro-sur y sur italiano (no confundir con la Mafia, localizada en Sicilia).
En varios pasajes del libro se destaca el precio personal que se ha de pagar por decir la verdad, por ayudar al débil. Muchas veces, un precio llevado al límite. Un límite traducido, en voz camorrista, con la muerte.
Este peaje que se ha de sufrir para tener la conciencia tranquila provoca que la gente tenga miedo a actuar, a hablar, haciendo más fuerte todavía al grande, al injusto.

Saltando más allá de Mafias y Camorras a una dimensión más real, más cercana a nuestras posibilidades, no hará falta mucho esfuerzo para pensar en situaciones personales vividas en el que el miedo a un posterior empeoramiento de la situación nos ha hecho “pasar” y “tragar” con algo ya de por sí malo.
Situaciones, muchas: en el colegio, en casa, en el trabajo… Sí, ya veo que os váis acordando de algunas, ¿no?

A veces la cosa no va a mayores de una chiquillada. En el colegio, si no érais de los matones (o en moderno: de los que hacen bullying) más os valía haber sido el típico plato en la pared del que nadie se da cuenta y os dejaran en paz. Si no, pobrecicos de vosotros, aparte de estar puteados, saber que si os chivabáis a la profe íbais a recibir el triple del castigo impuesto a tu verdugo.

En los pueblos de caciques, en casa con tu hermano mayor… muchas son las situaciones.

Pero hay una, especialmente una, que muy probablemente nos afectará a todos, y si no, a la gran mayoría. La injusticia dentro de la empresa.
Cuánto más grande sea la empresa más prevalece la guerra individual y el “preocúpate de lo tuyo y los otros de lo suyo“. Aquí el miedo ya no es por ayudar al prójimo, sino por ayudarte a ti mismo. La defensa de tus derechos te puede costar el dejarte sin ellos.
En las multinacionales todo está hecho para que nadie tenga la culpa, para que todos los que estén encima de ti escondan la cabeza y tiren la pelota al tejado de algún otro. Nos encontramos ante una ciudad de infinitos tejados. Y si intentas saltar a más de 2 ó 3, la alarma se dispara y corres el riesgo de dar zancadas de cangrejo… hacia la puerta de salida.

Todo cambiaría si todo el mundo decidiera hablar. Sin excepción. Aunque sólo falta uno para que se vaya todo al garete, efecto dominó.

Actualización:
Si todos actuáramos… no pasaría esto:
Un gallego sufre una paliza por defender a una mujer de la agresión de su marido

o esto:
Un grupo de jóvenes propina una brutal paliza a una menor en un tren
(gracias por el link María!)

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~ por inzivilizado en marzo 9, 2010.

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