Voyeurs de discoteca

Aunque soy joven (bastante joven aún, diría yo) ya tengo unos cuantos años de experiencia en lo que a salir de fiesta se refiere, y, poco a poco, las cosas se van viendo desde un punto de vista diferente.

Cuando empiezas a salir te sientes fuera de tu lugar, miras todo cual bebé curioso. Poco a poco te vas haciendo al lugar, te sientes como pez en el agua, vas aventurándote por nuevos bares y zonas y, antes de que te des cuenta, estás viendo a otros bebés curiosos empezando a descubrir la vida nocturna.
Al principio ves a todo el mundo como el mayor que está ahí, pero al final observas a la gente, a los grupos, encuentras muchas diferencias que antes no percatabas.

Entre esos grupos, entre lo que estaba en aquél montón de mayores, están los voyeurs de discoteca. Son, al 99% de las veces, del sexo masculino, y al 90%, de edades que bien podría ser, si no tu padre, tu tío.
Personajes incómodos de ver. Probablemente incómodos de aguantar también. Su verborrea se caracteriza por discursos monosílabos y conversaciones machistas con una sonrisa de picardía maliciosa.
Vestimenta bien elegida, a camino entre el estilo italiano y el descaro macarra.
Una misión, tan simple y repetitiva como asquerosa, ver el ganado femenino y analizarlo para poder ver si el lobo se come a la oveja.
Obviamente todos los hombres, así como las mujeres, en su época de celibato (o no), analizamos al oponente y a la vez posible candidato/a. Ahí entra la actitud visual como elemento diferenciador del normal y/o tradicional al voyeur. Los vistazos con conexión directa a la imaginación traducen el pensamiento en muecas poco apetecibles.
Existe un condicionante que provoca que este ser voyeurista sea más desagradable a la vista aún si cabe. Más joven es la chica más ganas de bailar, más se deja destacar, y más vista está. Resultado: un hombre adulto que facilmente llegará a los 40 e incluso los sobrepasará, mira con antojo a una chavalica de apenas 20 años si llega. El padre y la hija.
Postura erguida a poder ser apoyado en alguna barra, muro, o columna, con la misma copa desde el inicio en la mano.

Asco dan, redios!

Quiero dejar constancia de que por supuesto ni mucho menos todos los mayores juerguistas son así, por fortuna sólo un pequeño porcentaje.

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~ por inzivilizado en abril 5, 2010.

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