Dar libros a quien no sabe leer

De despilfarros nadie duda de que en España vamos sobrados, aunque hay veces que estos no son provocados con premeditación y conscientemente de lo que se hace, sino que incluso “intentando” colaborar con la sociedad, la falta de organización en las políticas de ayudas, así como la ilógica de la actuación institucional, provoca que grandes partidas presupuestarias que realmente se hayan llevado a la práctica, no resulten ser más que una pérdida de tiempo y dinero.
Me explico. Dentro de la inmensa cifra de desempleados que asolan el panorama laboral español, muchos de estos abogan por hacer cursos gratuitos financiados por el INEM y otros organismos públicos, ya sea para ampliar o afianzar los conocimientos sobre alguna materia y así intentar tener una mayor posibilidad de acceso a un puesto de trabajo, o ya sea simplemente para tener ocupadas unas horas del día y no morirse de asco y desesperación a la espera de una llamada que raramente se recibe. Lo triste es que la gente que hace cursos por este segundo motivo afloran cada vez más, provocando que dentro de los cursillos la heterogeneidad de los perfiles y niveles de experiencia en la temática del curso sea una nota negativa para la utilidad del mismo.
Con este panorama parado-educativo, nos encontramos con cursos en los que de las 15 personas inscritas, 5 no se enteran de nada y a la semana del curso se han olvidado del 99% de lo dado; 5 que, aún aprendiendo y comprendiendo todo, están por estar; 4 que no van a aplicar lo aprendido ni en el mundo laboral, ni en el personal; y 1 única persona, con suerte, que aprovechará esas horas invertidas en una academia cuya existencia antes desconocía. El 7%, vamos, que suena incluso más desolador.

Pero aunque menos del 10% tenga algún interés real en el curso y le vea utilidad, todos, es decir, el 100%, reciben un “kit” educativo para nada desdeñable consistente muchas veces en:
– Mochilas/bolsas con diseños horteras, llenos de publicidad, y colores más cegadores que el propio sol.
– Libros y manuales, algunos incluso valorados en 60€, a veces incluso recibiendo 2 o más.
– Cuadernos de los que sólo puedes aprovechar la mitad porque la otra mitad tiene propaganda de la academia.
– Bolígrafos.
– Fotocopias cuyo ciclo de vida desde la fotocopiadora hasta la basura suele ser inferior a las 24 horas.
– Llaves USB de 2gb de capacidad, quizá lo único realmente rentable para el alumno.

Multipliquemos, sumemos, y calculemos. Un curso de informática de un mes para 15 alumnos del inem bien puede costar unos 2000 €. Extrapolemos esta cifra al cómputo global nacional. Mucho dinero, ¿verdad?

Muchísimo, demasiado dinero.

En cambio, sin salirnos del ámbito de la educación y en la misma sociedad, nos encontramos con una contradicción magnífica: miles de estudiantes universitarios que tienen que pagarse todo lo necesario para estudiar, salvo por una matrícula subvencionada públicamente aunque no en su totalidad.
El 100% de los universitarios tienen interés en una carrera que ellos han escogido libremente, en parte todos comprenden lo que están estudiando y pretenden hacer uso y provecho de lo aprendido en la carrera en su futuro laboral, aunque sabemos que luego esto no sucede.
Es decir: fotocopias, cuadernos, libros, todo es pagado por el estudiante. Ni un boli o llave usb se les reparte, nada. Incluso esa matrícula pseudopagada por el estado no es nada barata, ya que un ingeniero puede llegar a pagar por una matrícula de 5 asignaturas cuatrimestrales la nada desdeñable cifra de 800 €, casi 150.000 de las antiguas pesetas.

¿Por qué no se hace un estudio de lo que está pasando en estos cursillos y se hace una política de gasto coherente? ¿Por qué no se financia aquello que tiene una mucha mayor probabilidad de ser rentable educativamente hablando?

¿Por qué cojones no se desprecintan el cerebro quienes nos gobiernan y lo empiezan a usar?

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~ por inzivilizado en enero 30, 2012.

2 comentarios to “Dar libros a quien no sabe leer”

  1. Un poco más de lo mismo…….

  2. Creo que la diferencia parte, en que una persona desempleada, nadie lo esta por gusto… puede o no recibir una prestación de compensación con la que poder vivir mientras busca trabajo y no estar en la más absoluta pobreza. Eso no siempre es así, claro esta, hay tantos casos y situaciones como realidades personales.

    En las becas de educación, hay una cuantía reservada para material escolar, que se concede en función de los ingresos de la persona que lo necesita, no es universal, solo para quien quiere estudiar y no lo puede costear.

    Aunque ambos sistemas tienen muchos fallos, creo que en ningún momento se pueden comparar, ya que persiguen objetivos distintos. Comparar uno con otro es hacer demagogia, una asignatura en la que son expertos todos esos políticos a los que criticas, bueno criticamos.

    🙂

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