Perlas y pataletas de la corona

Que la monarquía española está últimamente dando más tumbos que un irlandés a última hora en el día de San Patricio, y que el crédito que los Borbones tienen está sufriendo tal desgaste que hasta políticos de primer nivel empiezan a dejar caer la palabra abdicación, es algo que todos sabemos, y de lo que todos estamos hablando.

Juan Carlos y familia debían pensar que aquél buen hacer del monarca el 23 de febrero del 81, parando los pies a Tejero y a todos los golpistas que estaban con él, les iba a otorgar una inmunidad vitalicia en sus cargos. Pero de eso han pasado ya más de 30 años, un tercio de la población ni había nacido por entonces, y la democracia ya no es tan bebé como para no criticar y replantearse la sociedad y la situación en la que se encuentra.
La llegada de Marichalar a la realeza inició la entrada de los chascarrillos sobre la misma, y bajó a la tierra a tan estimados Borbones. Su separación con la infanta dejó ver que era una familia más en la que las cosas turbias también tienen cabida; amén de tan conocida afición que tenía el hombre a sustancias de efectos extraños, afición que le provocó un serio susto mientras hacía ejercicio en el gimnasio. Quizá tal accidente vascular se debiera porque el chico no estaba muy acostumbrado a hacer ejercicio…

Y es que durante el último año los patinazos de muchos de los miembros de los Borbones han sido numerosos, y algunos bastante escandalosos.
El principito, quien ha sabido estar a la sombra de su padre cuyo carisma y carácter bonachón le permiten asegurarse ser recibido con cariño el día que suceda al actual monarca, ya no es tan joven, y ahora le toca hablar, demostrando quién es en realidad, y haciendo bueno el refrán Por la boca muere el pez. Hace casi un año dejó escapar que no tiene tanto talante el chico, respondiendo con arrogancia y prepotencia a preguntas comprometedoras:

Su mujer, esa currante, esa mujer del pueblo, ese personaje que parecía iba a allanar a la familia real, consiguió, en vez de acercar ésta al pueblo, alejarse ella misma, aprovechando su condición para caprichos tontos. Cerrar una calle entera de la capital de España para que ella y unos amigos fueran a un restaurante no ha sido la mejor acción que ha hecho en su vida para ganarse el cielo.

Quizá lo que más daño ha hecho, está haciendo, y con seguridad hará a la imagen del rey y sus secuaces, es la trama de corrupción en la que se encuentra su otro yerno, Urdangarín. El caso está llegando a unos niveles bastante serios que afectan muy mucho a la credibilidad que la sociedad española tiene no sólo sobre la monarquía, sino sobre la clase política y la justicia en España, una credibilidad que le hace falta, ¡y cuánta!, al poder judicial. La gravedad del asunto es tan grande que la mancha no afecta sólo a los que se han ido uniendo a la familia (hasta ahora parecía que eran los de “fuera” los que estaban entorpeciendo el buen hacer real: Marichalar, Letizia y Urdangarín), sino que el nombre de la infanta Cristina y el del mismo monarca aparecen por el sumario, y no en buen lugar al parecer. El mismo rey, en un intento de hacer ver que todo va a ir bien, incluso lanzó una indirecta en el mensaje de Navidad en relación a este caso.

Para que a nadie se nos olvide que a estos hay que empezar a pararle los pies, el hobby (de dudoso gusto) que tienen por las armas les está causando una mala jugada. En un intervalo más corto que una semana, primero el nieto mayor, aquél que, curiosamente, a nadie se le olvida su nombre aún siendo raro de narices, Froilán, se pegó un tiro en el pie. Mucho más no sabremos sobre el caso en cuestión, pero el qué hacía un niño de 13 años con una escopeta cargada y sin el seguro puesto es raro y sospechoso de narices.
Aunque para disparo certero el que acaba de tener Juan Carlos I, a quien no se le ha ocurrido una idea mejor que ir a cazar, nada más y nada menos que ¡¡elefantes!!, y nada más y nada menos que a ¡¡Botswana!! Un capricho muy propio en un contexto en el que el proceso de corrupción en el que está inmerso Urdangarín, en el que las reformas del nuevo gobierno están martilleando a los ciudadanos, y en el que nos encontramos en una situación de crisis económica en la que se debería de ahorrar en todo, no hace otra cosa que tenga que pagar unos intereses muy altos y su crédito real se vea mermado considerablemente. Eso sí, lo mejor de todo han sido sus disculpas, a nadie se le escapa que las palabras “Lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir, aparte de sonar a pataleta de niño pequeño, son unas frases más obligadas a decir que sinceras.

Confiemos en que sea cierto que las frases de ese niñito se cumplan y no vuelva a ocurrir más, pero no su falta, sino que vuelva un rey a España.

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~ por inzivilizado en abril 19, 2012.

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