Sólo existe una ciudad más testaruda que Madrid para persistir en el intento de la organización de los juegos olímpicos, en este caso de invierno.
Madrid cayó dos veces seguidas en su intento de ser sede de los Juegos Olímpicos, tanto para 2012 como para 2016, y ahora ya están pensando en las de 2020… e incluso 2024.
Pero, ¿cuál es esa ciudad testaruda y cabezona que quiere organizar unos juegos olímpicos pese a que ha fallado en todos sus intentos? Adivínenlo… cabezona… testaruda… sí, exacto, ésa, Zaragoza (y su inseparable amiga Jaca).
Lógicamente Zaragoza sola ni pincha ni corta en esto de la candidatura, porque de nieve, escasita anda. Por ello se ha aliado con Jaca, que de nieve anda sobrada, pero que de instalaciones, como que flojea bastante.
Atención a la jugada. Jaca se presentó en 1998, cayendo en 2ª ronda. 2002, tampoco elegida. Saltamos a 2010 (dos primeros fracasos mandaban a la reflexión), sexta de 8 aspirantes. 2014, ni pasó el corte y eso que había un aspirante menos, 7.
Contabilicemos… 4 derrotas… Dos más que Madrid. Pero es que al menos Madrid se quedó al borde de ser elegida. Jaca se quedó también al borde, pero del abismo.
Al igual que pasó después de las dos primeras derrotas, después de la 3ª y 4ª la candidatura tomó una pausa para la candidatura del 2018 pero… 2022, ¡aquí vuelve!
El problema es que Barcelona también se presenta, apoyándose en los Pirineos catalanes al igual que Zaragoza lo hace con los aragoneses.
Sinceramente, yo soy el primero que quiere que Jaca y Zaragoza alberguen un evento tan importante (siempre y cuando se tuviera en cuenta que no hubiera especulación, se tratara el aspecto medioambiental… sí, lo sé, utopía pura), pero en vistas de lo acontecido, y previendo lo previsible, considero que tanto Jaca como Zaragoza se deberían echar a un lado y dejar que sea otra ciudad española la que lo intente. Que dejen de acaparar, vamos.
Aparte de eso, el coste de una candidatura es elevadísimo. Sólamente su presentación, proyecto, viajes, salarios, maletines, etc, etc, subirían el presupuesto a una cantidad astronómica que una ciudad como Zaragoza no se puede permitir después de el fracaso de la Expo’08, del proyecto de ExpoNabo, y de los despilfarros millonarios que está últimamente haciendo con obras estúpidas e innecesarias.








